berlinofilia

Agoto las últimas horas de mis vacaciones en Berlín. Mañana a estas horas ya estaré de nuevo en Madrid, y por tanto en el día a día. Han sido, sin embargo, 10 días en Alemania muy intensos y divertidos, que si bien no se pueden definir como de descanso, sí al menos han servido para refrescarme y romper con la rutina. Días que además han coincidido con las elecciones al Reichstag, comicios que según las últimas noticias confirman a Angela Merkel como cancillera, pero esta vez giro a la derecha y fin de la coalición con el SPD.

Lógicamente en estos días ni he hecho amago de actualizar este blog, a penas he usado Twister, un poco Facebook para compartir fotos del viaje, y he atendido a algunos emails de trabajo algo urgentes cuando no he podido derivarlos o posponerlos.

Desde la primera vez que pisé Berlín, allá por 1993, siempre he sido gran admirador de esta ciudad, admiración que ha ido creciendo en las 5 ó 6 visitas que he hecho posteriormente y que se ha consolidado aún más si cabe en este viaje.

Siempre he dicho que si no fuese por las bajas temperaturas que se alcanzan en Berlín y lo largo que se hace el invierno, sería la ciudad ideal para vivir: es una ciudad dinámica, joven, inquieta, rebelde, llena de vida, muy cosmopolita y heterogénea. Tiene unos precios más que razonables en comparación con cualquier otra capital europea, especialmente en vivienda . A pesar de su gran tamaño, es una ciudad bien dotada de transporte público, de poco tráfico, mucho carril bici y mucho espacio para el esparcimiento, el paseo y la práctica deportiva. La gente es amable, simpática, muy respetuosa y generalmente muy cívica pero sin renunciar a su puntito anárquico y rebelde.

Por no hablar de la inabarcable oferta cultural, encabezada por museos tan valiosos como la Alta Pinacoteca, Pérgamo, Die Brücke o el impresionante Museo Judío. Exposiciones, cine de ensayo, ópera, cabaret, conciertos, sesiones de música electrónica en clubs, danza… todas las manifestaciones artísticas desde las más clásicas hasta las radicalmente más modernas e innovadoras, tienen cabida en el panorama cultural berlinés.

Si encima tienes la suerte de visitar la ciudad en días soleados y cálidos como los que estoy disfrutando, Berlín sin lugar a dudas puede parecerte la mejor urbe del mundo, una ciudad en la que sus habitantes parecen muy contentos y satisfechos de habitarla, muy armónica en su aparente caos, acogedora y vivible.

Pero en lo que realmente me quiero detener es en la hostelería, por ser el sector para el que ahora mismo trabajo y por tanto un tema en el que inevitablemente tengo que fijarme. Adelanto que en una eventual comparación entre el panorama de bares y restaurantes de Madrid y Berlín, en mi opinión ésta última gana por goleada. Vamos por puntos:

Oferta: la de Berlín es inagotable, infinita. En barrios como Prenzlauerberg o Kreuzberg la sucesión de bares y cafés es impactante, sorprendente. Cuesta siempre decidir dónde sentarse. La gama es inabarcable: cafés pequeños y recoletos, biergartens y restaurantes alemanes tradicionales, pizzerias, japoneses, turcos, árabes, vegetarianos, vietnamitas, de comida orgánica, de tapas, bistros…

Precios: Berlín tiene una merecida fama de ser muy asequible, y así es. Los precios por lo general son moderados, razonables, lo cual no quiere decir que sorprendan (positivamente) al castigado visitante de Madrid, acostumbrado a pagar precios desorbitados y difícilmente justificables. Cervezas a 2,50 € por a noche en un club, o brunchs copiosos y deliciosos por 9 € son sólo dos ejemplos de los competitivos precios que por aquí se manejan.

Servicio: aquí es uno de los puntos en los que más tenemos que aprender. ¿Por qué en Madrid somos tantas veces maltratados por camareros malhumorados sin ningún tipo de noción de las mínimas normas de trato al cliente? ¿Por qué cuando damos con un camarero eficiente y simpático lo vemos como un hecho excepcional? En Berlín todos los camareros te atienden con gran profesionalidad y eficiencia, pero sobre todo, con una gran sonrisa en los labios. En los pocos casos en que he tenido algún tipo de contratiempo (un plato que tarda algo más de la cuenta en salir, por ejemplo), el camarero de turno se ha deshecho en disculpas y explicaciones. Y lo mejor es cuando al pagar te preguntan si quieres pagar por separado o todos juntos. Una opción que rara vez te ofrecen en Madrid y que produce cuando menos un gesto de fastidio cuando se solicita.
Horarios. Otra de las cosas que más me gusta de Berlín. Gracias a mi trabajo ahora sé que en Madrid el tema de las licencias es cuando menos kafkiano: si un bar da desayunos no puede cerrar más tarde de las 12:00 de la noche, si abre a las 12:00 pm puede cerrar entonces a las 02:00 am, si es cafetería no puede tener menú del día, y una larga lista de normas absurdas y antediluvianas que dificultan y entorpecen la actividad hostelera de Madrid. Por no hablar de la hora de cierre que tan estrictamense se ha impuesto, y que en mi opinión no contribuye al descanso de los vecinos de las zonas de ocio nocturno. Todo lo contrario: provoca una marea de gente que vaga sin rumbo sobre las 3 de la mañana, lo cual sí es realmente molesto para los vecinos de esas zonas. En Berlín, por el contrario, hay libertad de horarios. De hecho, casi todos los bares y cafés abren desde por la mañana para ofrecer desayunos, y cierran por la noche a la hora que consideran apropiada y siempre y cuando cumplan con las normas de insonorización, pues funcionan como bares de copas en muchos casos. Esa libertad es sin duda un enorme incentivo para los bares, que pueden beneficiarse de un amplio horario de actividad. Además, dado que el berlinés no está sometido a unos horarios tan establecidos en lo que a comidas se refiere, todos los bares ofrecen un servicio interrumpido de cocina con una carta no muy amplia pero variada. Esto me hace recordar la justificada queja de un cliente nuestro al que hace poco se le cerró la cocina cuando aún no había terminado de comer y que provocó un serio debate interno sobre la necesidad de flexibilizar el horario de cocina y dejar de ser tan tajante con este tema.

Aspecto / Decoración: No hay duda de que el berlinés tiene un sentido de la estética muy desarrollado y ello se nota de manera especial en la decoración de los bares y cafés de la ciudad, en su cuidada iluminación, en la esmerada elección de mobiliario pero sin pretensiones ni esnobismos innecesarios, las plantas, flores y velas en cada mesa, los detalles que contribuyen a hacer que los sitios sean muy acogedores y cálidos… algo que contrasta con el típico bar nuestro, con su suelo lleno de servilletas y otros desechos, su luz de neón, su absoluta falta del más mínimo sentido de la estética… y luego tenemos el otro extremo, el de los restaurantes supermodernos y super de moda que son tan fashion que en dos días resultan anticuados y que buscan epatar al cliente en lugar de hacer que se sienta a gusto. Se me ocurren miles de ejemplos pero no vamos a dar nombres.

Éstos son sólo algunos de los principales factores que hacen de Berlín una ciudad ideal para salir a cenar y a divertirse y en la que Madrid debería mirarse a la hora de buscar ideas nuevas para ampliar la oferta hostelera de la ciudad. Tengo la suerte, además, de trabajar en uno de los grupos hosteleros que más cuidan algunos de estos factores analizados y que tienen entre sus principales objetivos el de ofrecer una alternativa de ocio nocturno de calidad, cometido al que espero contribuir con mi trabajo, sobre todo en lo que a detección de tendencias, gustos y frenos se refiere. La creación y gestión de comunidades en torno a cada uno de los locales es vital en este sentido, por la posibilidad de dialogar directamente con los propios clientes, de escucharles, de atender sus necesidades y peticiones.

Y esto me lleva a terminar con la buena noticia de la fiesta del VIII Aniversario de Lolita, celebrado este pasado viernes 25 y que según todas mis fuentes consultadas, fue un gran éxito de asistencia, de organización, de diversión… Ha sido un duro trabajo, sobre todo para el Dpto Comercial y la gerencia de la sala, pero ha merecido la pena.

Atardecer en Kreuzberg

Atardecer en Kreuzberg

PS – No pensaríais que me iba a ir sin hablar de Twitter. Leo hoy en El País Negocios el elevado valor alcanzado por la compañía y me asusta que se caiga en un sobredimensionamiento basado en meras expectativas poco fundadas, que acabe provocando un efecto globo con pinchazo incluido. No quiero más Second Lifes!!!

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2 Respuestas a “berlinofilia

  1. Hola Hugo,
    interesante tu análisis, no dudo que tengas razón pero en la comparación algo habrá que funcione o sea mejor en Madrid, algo aunque sea pequeño. Uff, me he quedado un poco pluf

    besos

    • A ver, no es un estudio exhaustivo y además he intentado fijarme en los aspectos fuertes de la hostelería belinesa, que es lo que nos puede servir para intentar mejorar. Temas como la amplitud de horarios son posibles en parte a la legislación, mucho más permisiva y liberal allí que aquí. En Madrid los bares y restaurantes tienen mil trabas y cortapisas por parte de la Administración, en lugar de encontrar apoyo en ésta: que si licencias absurdas y obsoletas, impuestos y tasas de actividad muy elevados… esto puede hacer que el empresario tenga menos incentivos para intentar hacer algo diferente.
      De Madrid destacaría por ejemplo la oferta de tapas y pintxos para matar el hambre, más difíciles de encontrar o limitados en Berlín. También diré que cada vez encuentro más limpios los locales (sin llegar a la limpeza de Berlín, que tampoco es algo extremo tipo Tokyo) y esto lo veo sobre todo cuando voy a otras ciudades como León o Bilbao, cuyos bares encuentro más descuidados.
      Aún así, insisto, Berlín encuentro que tiene un sector hostelero (que no oferta gastronómica) mejor que el de Madrid.

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